García Márquez ENTREVISTA a Heberto Castillo en 1982


Por José Luís Hernández Jiménez
El famoso escritor entró a la modesta oficina, observando cada rincón de la misma. El ingeniero se puso de pie para estrechar la mano del recién llegado. “Pase Gabriel, está usted en su casa, mejor dicho, en su oficina, tome asiento”, dijo Castillo. 

Luego de acomodarse en la silla plegable, Gabriel, ajustando su camisa de franela a cuadros, inició con una advertencia: “Como Julio Sherer me dijo que Usted sabe todo del tema, que ha provocado un verdadero escándalo, vine a saberlo todo para cotarlo en Colombia”. “Usted pregunte, y como dicen por acá, pa´ luego es tarde”, respondió Heberto.

Como para que Elios Edmundo Pérez Márquez – en Insurgencia Popular, órgano oficial de prensa del PMT, la hacia de Director, reportero y fotógrafo – dejara de tomar fotos, Gabriel se le quedó mirando, Elios bajó la cámara. Otros optamos por alejarnos un poco. García Márquez cruzó su pierna derecha sobre la otra, e inició: 
“A ver Heberto, ¿por qué defiende tanto el petróleo, algo que todos los países venden al mejor postor?”.
“Es que, empezó Castillo, debe entenderse que ese recurso no renovable, no es cualquier materia prima. Hoy, el petróleo, para los países, es como la sangre para los seres humanos. El cuerpo humano no puede funcionar sin sangre; estaría seco. Las naciones, en estos tiempos modernos, sin petróleo no operan, están secas. Por eso, todo mundo se apoya en dicho recurso para poder desarrollarse”. 
“Pero ingeniero – Gabo lo interrumpió – se dice desde su gobierno (el de JLP), que México tiene petróleo de mas y…”, ahora fue Castillo quien interrumpió_ “Casi nadie tiene sangre de más. Igual con el crudo. Actualmente los países tienden a buscar el petróleo que requieren sus poblaciones. Si no lo logran, tienen problemas para crecer. Estados Unidos tiene petróleo de mas, porque tiene reservas y porque compra para almacenar y transformar”.
“¿Para transformar en qué?”, preguntó García Márquez.

“¡Ahí está el meollo del asunto!”, exclamó Heberto.
“Fíjese Gabriel, que el petróleo industrializado, sirve para casi todo. Muchos de los productos que utilizamos en nuestra vida cotidiana, tienen su origen en ese recurso. Plásticos, ropa, pavimento, medicamentos, aparatos de línea blanca, o electrónicos. Todo el transporte motorizado, el terrestre, el aéreo, el que va por el agua, se mueve por medio de algún derivado del petróleo. Las fábricas. Bueno, hasta el cuerpo de lo seres humanos, se mueve gracias al petróleo, ¿sabe por qué?, por los fertilizantes”.
“Bueno, insistió don Gabriel, pero si se vende, como ha dicho su gobierno, ustedes, los mexicanos, reciben muchos dólares, millones de dólares, por el petróleo vendido. Y ese dinero sirve para cubrir muchas carencias. ¿Qué opina de eso?”

Heberto adoptó pose de maestro, y respondió: “Lo mismo. Que es una estupidez vender petróleo como materia prima. Los países ricos, lo son, entre otros motivos, porque han industrializado el petróleo, lo transforman en múltiples artículos y los vende a las naciones, incluyendo a las mismas a las que les compraron ese petróleo. Y se hacen más ricas”. “¿Y…?”, insistió García Márquez.

“Y por eso proponemos, exigimos desde el PMT, que el petróleo mexicano se industrialice en México, por la propia nación, para que los primeros beneficiados sean los propios mexicanos”. 

Finalizó la entrevista. Estrecharon sus manos y se dieron un abrazo.
Meses después, de ese 1982, la academia sueca otorgó a Gabriel José de la Concordia García Márquez, el Premio Nobel, no por esa entrevista que se publicó en la revista Cambio, de Colombia, de la que era directivo o algo así, sino por su obra literaria. 

García Márquez murió en 2014, el 17 de abril, (por cierto, Heberto también murió en abril, pero el 5), un jueves santo, 32 años después de haber realizado aquella entrevista a Heberto Castillo, en sus oficinas del sexto piso del viejo edificio de Bucareli 20, en el DF. 

Y ahí queda como testimonio, la foto, tomada por Elios Pérez, en la que también aparece, como mudo invitado en medio de ambos personajes, un Emiliano Zapata, dibujado por el propio Heberto, en la pared de tablaroca.



(*) Tomado de “Cuando correteábamos utopías”, 

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