Petróleo y minería, prioridades de la Cumbre

La Jornada de Oriente,   Los analistas económicos han mencionado que la Cumbre del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) reportará pocos beneficios en la agenda trilateral de México con Estados Unidos y Canadá. Nada se hablará, por ejemplo, de la reforma migratoria, menos de seguridad ni de cómo ayudar al desmejorado socio comercial del sur a superar los magros niveles de crecimiento en los últimos 20 años y el aumento incesante de personas en situación de pobreza y en pobreza extrema.
Motivados por la aprobación de la Reforma Energética, el Presidente Barack Obama y el Primer Ministro Sthepen Harper vienen a hablar de lo único que les interesa: qué facilidades dará el gobierno de Enrique Peña Nieto a las petroleras estadounidenses y a las mineras canadienses en el marco de la apertura de ese sector y dentro del esquema del acuerdo de integración comercial que cumplió dos décadas.
Las mineras canadienses, se sabe bien, han reclamado al gobierno federal por la Reforma Fiscal que las obliga, desde este año, a pagar impuestos. Algunas incluso han amenazado con reducir su inversión en el país y trasladarla a país que les permitan mayores facilidades para operar.
Lo cierto es que, por años, las mineras canadienses se han hecho ricas en México, no han reportado gran cosa al fisco y, encima, han dejado un deterioro ambiental irreversible en las comunidades donde realizan su actividad extractiva.
Pero, aun así, el interés central está en el petróleo y en los cambios constitucionales recientemente autorizados por el Congreso de la Unión.
De acuerdo con Organizaciones No Gubernamentales (ONGs), lo que Obama y Harper pretenden es aprovechar el momento de la Cumbre TLCAN y obtener ventajas para las transnacionales norteamericanas ante la inminente apertura privada en la exploración, extracción petrolera y demás hidrocarburos.
Lo quieren hacer, añaden, apelando al “Acuerdo entre los Estados Unidos Mexicanos y los Estados Unidos de América relativo a los Yacimientos Transfronterizos de Hidrocarburos en el Golfo de México”, firmado en el marco de la reunión ministerial de cancilleres del G-20 en Los Cabos, BCS, el 20 de febrero de 2012”.
En este escenario, no es mucho lo que cambiará para México con esta reunión. Luego de 20 años, el TLCAN no le ha servido al país para generar crecimiento y el alza en exportaciones es engañoso porque no van acompañadas del desarrollo de cadenas productivas para la industria nacional.
En cuanto al Producto Interno Bruto (PIB), las cifras son elocuentes: en 1993 –antes de la firma del TLCAN, el 1 de diciembre de 1994–, México reportó un tamaño de 8.1 billones de pesos. Para 2013, el PIB fue 13.2 billones de pesos, aunque con un ritmo de crecimiento decreciente. Entre 1995-2000, el país creció 3.3 por ciento en promedio anual, y ya para 2001-2006 el crecimiento fue de 2.2 por ciento. Los resultado del periodo 2007-2012 muestran que la economía sólo creció 2.1 por ciento; por no mencionar el decepcionante resultado del cierre de 2013, de 1.3 por ciento.
Los analistas afirman que el Tratado fue concebido por el entonces Presidente Carlos Salinas de Gortari como un fin y no como una herramienta de desarrollo, tampoco se le dio una visión económica integral.
Mañana, Obama y Harper, junto con sus expertos comerciales, ratificarán que poco les importa que a México no le importe sus propio desarrollo a largo plazo y que carezca de políticas públicas que visualicen un país mejor preparado para enfrentar a la competencia.
Ellos tienen claro que el petróleo y la minería son el tema ahora, y los beneficios trilaterales les tienen sin cuidado.

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