EN MÉXICO, VIEJO AMIGO RETUMBA, PERO MUY POCOS SE ESTREMECEN

foto/ cenapred
Por DAMIEN CAVE, 
The New York Times News
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SANTIAGO XALITZINTLA, México.- El cielo nocturno brillaba intensamente; el polvo caía sobre los pobladores. El Popocatépetl, el monstruoso volcán que proyecta su sombra sobre este diminuto pueblo, retumbó de nuevo esta semana, escupiendo una nube de ceniza y asustando a las autoridades mexicanas, quienes elevaron los niveles de amenaza y despacharon servicios de protección civil.
Pero, como ha sucedido desde hace muchos años atrás, la gente que vive al pie del volcán - en antiguos poblados agrícolas con sus propias costumbres y leyendas -, difícilmente se estremeció. Para residentes de toda la vida como Carmela Silvestre, de 78 años de edad, el volcán al que llaman Popo simplemente se sacudió. Como amigo y protector, dice, él no tiene interés alguno en lastimar a sus vecinos.

“Él simplemente está respirando allá arriba, eso es todo”, dijo, caminando hacia la plaza central de este lugar por la noche del miércoles, tirando de un chal sobre sus hombros. “Nosotros estamos acostumbrados a eso”.


Twitter ha estado rebosante de descripciones humorísticas de lo que el Popo pudiera estar haciendo realmente. Algunos dijeron que estaba tosiendo y estornudando. Otros dijeron que debe de estar enojado y quizá exigiendo un regalo, lo cual llevó a un periodista mexicano a publicar en Twitter: “Si Don Goyo necesita un sacrificio, sugiero a la clase política”.

Aquí en Santiago Xalitzintla y en otros pueblos con una vista clara del pico cubierto de nieve del Popocatépetl y su columna de humo, todo parece indicar que el humor va de calmado a cómico hasta medianamente interesado. Rosario Jesús, de 55 años, durante una parada para comprar tortillas en San Cayetano, fue una de muchos que bromearon diciendo que Don Goyo “es amigo cuando está tranquilo, pero no tanto cuando está enojado”.

Al igual que muchos otros por aquí, ella notó que 2012 ha sido un año particularmente malo en el matrimonio de la naturaleza y la especie humana.

“Nosotros empezamos con terremotos”, dijo, “y ahora está el volcán”.
Desvió la mirada hacia abajo, sonriendo, pero sus ojos dejaron entrever una pizca de preocupación, quizá por buena razón. México ha soportado unos cuantos sacudones este año: un sismo de 7.4 grados en Oaxaca, el 20 de marzo, fue seguido por uno de 6.4 grados en Michoacán, el 11 de abril; y precedido por un puñado de otros sismos de 5 grados de magnitud o más. Con muchos de estos temblores y réplicas, edificios oscilando en la capital, muchos mexicanos se han empezado a preguntar qué está ocurriendo.


Los sismólogos generalmente han sugerido que es una saludable liberación de tensión subterránea, que quizá impida ya sea una gran explosión volcánica o un terremoto cataclísmico más adelante. Sin embargo, también está la cuestión maya. Largo tiempo atrás, el calendario maya puso 2012 como el fin del mundo, cuando menos con base en algunos creyentes. Y si bien las referencias al apocalipsis suelen venir con una sonrisa de complicidad -como un limón con tequila-, hay muchos mexicanos que destacan la extraordinaria actividad natural del año. Residentes de Xalitzintla no son las excepción.

“No solo es aquí en México”, dijo Liliana Ochoa, de 20 años de edad, recargada sobre el puesto donde vende pollo a la parilla aquí. “Están ocurriendo cosas extrañas por todo el mundo”. Ella está en lo cierto, por supuesto. El año empezó con olas récord de calor en Australia y el “Armagedón de Nieve” en Europa y el Pacífico Noroeste. Quizá, dijo Ochoa, “es un año de cambio real”.
No obstante lo anterior, Xalitzintla al parecer prácticamente igual que siempre. La comunidad de aproximadamente 2,000 personas fue formada varios siglos atrás, y agricultores locales actualmente producen, sobre todo, fruta - manzanas, peras, melocotones - del rico suelo que es el producto de actividad volcánica que se remonta miles de años.

El Popocatépetl, a veces descrito como un dios de la lluvia o el pulso de la comunidad, se ha mantenido en calma durante la mayor parte de su vida. Se volvió activo (tras un largo descanso) en 1994, e hizo erupción por última vez con fuerza considerable en 2000, dando origen a la evacuación de 50,00 personas de esta comunidad y otras en la cercanía.

Mucha gente aquí, sin embargo, principalmente recuerda a quienes no huyeron. Miles se negaron a salir. De hecho, residentes de la localidad dijeron que desde los días de la Revolución mexicana, muchos de sus vecinos temían menos al volcán que a los soldados y agentes de policía que vienen al pueblo cuando el Popo decide saludar.

Por la noche del miércoles, varios de esos oficiales se sentaron debajo del paso de una brisa e intercambiaron bromas subidas de tono con niños pequeños que traían tapabocas quirúrgicos colgando del cuello. Al otro lado de la calle, periodistas tomaban turnos para hacer su reportaje en el resplandor de luces brillantes junto a una antena móvil que proyectaba su plateada nariz para probar el aire. Hasta ahora no existe un peligro mayor ni necesidad de evacuación, han concluido oficiales, aunque una caminata por el poblado reveló un olor similar a un sauna en un tupido y verdeante bosque. ¿Era placentero o una señal de peligro? “Está tranquilo ahora”, dijo Silvestre. La última erupción seria - que arrojó coas al cielo - había ocurrido aproximadamente 14 horas antes.
Dentro de una iglesia al otro extremo de la plaza, una docena de personas decía el rosario al unísono. Las mujeres estaban sentadas a la derecha y los hombres a la izquierda dentro de un santuario lleno de flores de Pascua, iluminado con candelabros y luces neón verde, rojo y blanco detrás y al lado del altar. Una estatua de El Arcángel San Miguel, que yace sobre una casa blanca con dos espadas elevadas en lo alto, se proyectaba sobre la muchedumbre.

Los residentes dijeron que esto es lo que normalmente pasaba por acción local en una noche entre semana. Pero, ahora, había más actividad tanto arriba como en el suelo, y quizá era lo mejor. Quizá era que el Popo quien había enviado un camión de salud (enviado oficialmente por el estado de Pueblo) que incluía a un médico que, sin nada más que hacer, ofreció tres revisiones gratuitas. Incluso había un dentista y una silla de dentista de piel amarilla dentro del remolque. Un niño en el interior, con la boca completamente abierta, tenía un aire un tanto incierto con respecto a si esto era un cambio positivo, pero su padre se veía conforme.  Lo mismo Silvestre, quien había vagado por la plaza para revisar la actividad.  “Este es nuestro pueblo”, dijo. “Esta es nuestra historia”.

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