1 de MAYO







Lucha programática, organizada y unitaria

En el contexto de la presente crisis económica, la lucha de clases en el mundo se expresa de manera desigual, caracterizada por la creciente acumulación de capital y la respuesta disímbola de la clase obrera. En todas partes, los problemas son los mismos pero, en general, hace falta un programa que unifique a los trabajadores y los pueblos.

Atacar las causas no solamente los efectos

La crisis capitalista, en sus múltiples vertientes: financiera, energética, política, social y cultural, es provocada por el propio sistema económico- político imperialista, pagado por los trabajadores y los pueblos, para el acrecentamiento de la acumulación de capital, la sobreexplotación del trabajo vivo y el incremento de las ganancias privadas.

La respuesta obrera sigue siendo desigual, desorganizada y superficial. Es evidente que deben darse respuestas a los objetivos inmediatos. Para los trabajadores la situación es de sobrevivencia, habida cuenta de la sistemática reducción en las condiciones de vida que afecta a miles de millones en el mundo.

Pero no se puede luchar solamente contra los efectos de la crisis. Es pertinente avanzar enarbolando un programa común a nivel internacional. En algunas partes, la lucha de los trabajadores es admirable pero, en otras, es lamentable. Siguen haciendo falta las referencias fundamentales, que rebasen la simple aspiración ética y permitan construir una fuerza unificada y coordinada.

Brutalidad de la lucha de clases

Reducción y pérdida de derechos, saqueo y apropiación privada de los recursos naturales, descalificación del trabajo, intensificación de la explotación del trabajo asalariado, aumento de los ejércitos de reserva y de desecho, privatización del patrimonio de los pueblos, e imposición de políticas económicas por la vía de reformas supuestamente legales, o bien, mediante la guerra de agresión, son las características de la crisis.

Todos los problemas seculares, de falta de trabajo digno, educación, salud, vivienda, seguridad social y acceso a la cultura, se agravan con la mercantilización de la energía, el agua y los servicios públicos, aunados a la represión y violencia ejercida por los Estados y sus cuerpos de coerción.
La intención del capital es la aniquilación de su contrario histórico. Pero el capitalismo no puede funcionar sin la fuerza natural representada por el trabajo. No obstante, las corporaciones imperialistas no cesan de atentar contra la vida, el medio ambiente y la naturaleza misma.

En Fukushima, Japón, consecuencia del accidente nuclear que afecta al menos a seis reactores, se revela una situación extrema de la lucha de clases. Sin derechos laborales, sindicales o sociales, los trabajadores son obligados por las corporaciones y sus contratistas a laborar en condiciones suicidas, sin la debida protección contra las radiaciones nucleares y arriesgando su propia vida y la de las generaciones próximas, para salvar al capital. La enorme fuerza social de estos trabajadores no se corresponde con su fuerza política, prácticamente nula. Pero el capital no puede prescindir de los trabajadores ni puede sustituirlos por robots.

La energía es el kernel de la economía en todos los países. La apropiación privada de las fuentes energéticas es parte de la lucha de clases. La voracidad del imperialismo no conoce fronteras y su pretensión consiste en apoderarse de los recursos naturales donde quiera que estén y por cualquier medio, incluida la guerra.

La intervenciones militares del imperialismo en Irak, Afganistán y, recientemente, en Libia tienen múltiples objetivos, entre otros, asegurarse un suministro relativamente seguro de energéticos primarios, así como, someter bajo la égida de la OTAN a las naciones de esas regiones.

En México, la ofensiva del capital se expresa en diversos planos. La privatización de la energía ha llevado a la desnacionalización de las industrias de hidrocarburos, energía eléctrica, y todas las fuentes de energía. A lo anterior, se suma el estado de guerra provocado por el gobierno en turno, cuyas víctimas asciende a más de 40 mil, incluyendo población civil y niños. También la degradación del trabajo, mediante la aplicación de políticas laborales represivas.

Unidad mediante la organización y el saber

No hay ninguna salida capitalista a la crisis que beneficie al mundo. A esta crisis sobrevendrá otra con peores consecuencias. Es necesario, entonces, organizar la lucha para cambiar el modelo. Para ello, habrá que recorrer un camino duro y difícil que debemos definir colectivamente.

Las referencias fundamentales deben ser expresadas en un programa de lucha común. Los trabajadores del mundo debemos formular las vías estratégicas y tácticas necesarias aplicables en todas partes. Esencialmente, el capital no tiene patria, la clase obera tampoco tenemos patria. Las políticas del imperialismo son globales, la respuesta obrera debe ser de la misma escala.

Una misma política, un solo programa, una sola organización, un solo accionar colectivo, son cuestiones necesarias. Esto plantea la urgencia de un sindicalismo nuevo que, partiendo de la experiencia acumulada, muchas veces amarga, proyecte propuestas revitalizadas, formas organizativas nuevas a escala internacional, y liderazgos verdaderos que superen a las burocracias caducas que siguen dominando en muchas partes del orbe.

Aunado a lo anterior, es vital desarrollar la lucha en el espacio del saber, al interior de los centros de trabajo, disputándole organizadamente el poder al capital, en la dualidad de los trabajadores, como asalariados y como productores. Necesitamos implantar y generalizar el control obrero de la producción para que los procesos de trabajo sean orientados a la satisfacción de las necesidades humanas.

En esta vía, es crucial la práctica de la solidaridad internacional, misma que debe expresarse en acciones coordinadas por continentes y regiones. En las actuales condiciones, no es suficiente la movilización local, ni la lucha solamente por reivindicaciones gremiales. Sin soslayar a éstas, se precisa de acciones programáticas conjuntas.

Este 1o de mayo de 2011, en todas partes del mundo, los trabajadores estaremos presentes en los espacios posibles, en medio de la guerra del capital contra el proletariado. El FTE de México llama a los trabajadores del mundo a reflexionar en profundidad sobre las tareas políticas de nuestra época y la forma de concretarlas exitosamente. ¡Proletarios de todos los países, uníos!

Frente de Trabajadores de la Energía, de México

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