Detención de Alejandro Suverza el 2 de abril en el aeropuerto de la Ciudad de México

Alejandro Suverza: Diez lecciones

*Marco Lara Klahr

Es un suceso doloroso la detención de Alejandro Suverza el 2 de abril en el aeropuerto de la Ciudad de México, y su encierro en el Reclusorio Sur por el delito de «operación con recursos de procedencia ilícita» —según la Secretaría de Seguridad Pública, SSP, llevaba con artificio USD57,200, pretendiendo viajar a Cali.

Pero también es un caso paradigmático para los periodistas. Está dándonos —o debiera— cuando menos diez lecciones tan potentes que podrían transformar para siempre nuestro ejercicio profesional:

1. El buen periodista suele ser odiado por muchos, pero querido y respetado por muchos, muchos más.
Me consta la solidaridad de decenas de periodistas a través del país con Suverza; amigos o no, por montones reaccionamos de manera virulenta al enterarnos de su detención, conjeturando que podría estar siendo víctima de una trampa.


2. El principio de presunción de inocencia, asentado como derecho fundamental en el Artículo 20 de la Constitución, es sistemáticamente violado por el Estado mexicano, pero los periodistas somos capaces de respetarlo.

No es que los periodistas ignoremos tal derecho, sino que nos beneficiamos pisoteándolo también, cuando se trata de personas que no nos importan.



El miércoles, en la Marcha por la Paz encontré a una colega indignada por el boletín de la SSP sobre la detención de Suverza. Le recordé que no fue atípico, que esos boletines oficiales son la vergonzosa materia prima de nuestro trabajo diario.
Y no obstante, en el caso de Suverza todos coincidimos en que, según la Constitución, es inocente hasta que sea probada judicialmente su culpabilidad y un tribunal emita una sentencia condenatoria en firme. Así debiéramos hacer con todo imputado.



3. Si para nosotros el actor de la noticia tiene rostro identificable lo tratamos entonces como a ciudadano con derechos y no como carne de reclusorio.
La industria noticiosa reaccionó inesperadamente: como de costumbre, reprodujo el grosero boletín de la SSP, en notas anodinas que ciertos colegas tuvieron la desfachatez de firmar. Pero no añadió expresiones criminalizantes ni publicó la fotografía de Suverza. Tampoco ha sucumbido a las viles falsedades que circulan en redes sociales. Ha sido capaz de respetar.



4. Podemos tratar a los imputados de delito con dignidad.

Al leer o escuchar las notas periodísticas, desde la noche del lunes pasado, me insultó la frialdad con la que se referían a Suverza, como si no fuera un colega. Ahora lo valoro; denota cierta voluntad por no sobre-exhibir ni criminalizar a alguien imputado de delito. Esto tendríamos que hacerlo con todos: si no podemos por ahora respetar plenamente su derecho a la presunción de inocencia, tratémoslos con dignidad.



5. la versión oficial debe verificarse y el timing puede ser relativizable.

Cierto, el grueso de los medios reprodujo el boletín, pero luego —mostrando también que el timing puede ser relativizable—, se enfocó en: a) verificar que se tratara de Alejandro Suverza, periodista de temas de crimen organizado (la foto del boletín de la SSP permitía constatarlo, pero muchos colegas no son avezados cibernavegantes), y b) en ese caso, escuchar su versión, para contrastarla con la oficial.


6. No tenemos por qué actuar como gremio encubridor.


He hablado del tema con decenas de colegas mexicanos y extranjeros, y nadie ha sugerido «acomodar» de algún modo los hechos en beneficio de Suverza. No se impuso ese anacrónico espíritu de cuerpo gremial que ha llevado a victimizar de facto a un periodista. Deseamos saber qué sucedió, por duro que sea.


7. Podemos unirnos para defender el respeto a nuestros derechos.

Casi no he visto reacción tan unánime como en el caso de Suverza: primero, la sorpresa por su detención; enseguida, la acción gremial para precisar si estaba siendo víctima, como dije antes, de una trampa por parte de alguien interesado en acallar sus investigaciones, y por último, el seguimiento a su proceso judicial.


8. Somos capaces de dar seguimiento a las etapas procesales y no enfocarnos sólo en la detención y consecuente juzgamiento mediático.

Como se trata de un colega, nos hemos enfocado ciertamente en el proceso judicial, no sólo por móviles afectivos o gremiales, sino como periodistas deseosos de informar a la sociedad. Esto es estupendo, porque solemos enfocarnos sólo en la detención y olvidarnos luego de la suerte del imputado, que no pocas veces sufre abusos.


9. Podemos ser solidarios más allá de nuestros derechos profesionales.

Desde el principio, a muchos el caso de Suverza nos situó ante esta disyuntiva: a) si está siendo víctima de una treta para ensuciar su buen nombre debemos defenderlo organizadamente por todas las vías posibles, y b) si cometió un delito, debemos ayudarlo según nuestras posibilidades pero sin reivindicaciones relacionadas con la libertad de expresión. Aquí seguimos, atentos a que La Verdad vaya revelándose.


10. Debemos afrontar un eventual dilema ético por el conflicto de intereses implícito.

Ante la posibilidad de que Suverza sea encontrado culpable por un juez y de que, en efecto, no haya sido víctima de un ataque, debemos comprometernos a informarlo así a la sociedad sin por ello dejar de solidarizarnos con él. Sería saludable para ensanchar la confianza pública en nuestro papel social como periodistas.


*Reportero investigador con tres décadas de experiencia en el periodismo policial y judicial, se ha dedicado de manera alterna al activismo por la profesionalización de sus colegas, la academia y la publicación de libros de periodismo investigativo y teoría periodística, así como a la fundación de empresas de periodistas independientes, una de las cuales hoy dirige: minimedia otromexico, sc. Coordina también el Proyecto de Violencia y Medios en Insyde y es consultor de Open Society Justice Initiative. Entre su obra más reciente destacan el desarrollo del Website especializado presunciondeinocencia.org.mx [OSJI, 2010], de la que además es editor, y Nota Roja. La vibrante historia de un género y una nueva manera de informar (Debate, 2009). Recibió el Premio Nacional de Periodismo en 2000 y 2009. 


Su correo es  marcolaraklahr@otromexico.com.

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