Crédito rural: lo que sería una gran solución se transformó en un gran problema

Polan Lacki

"No podemos resolver los problemas con los mismos modelos de pensamientos que nos condujeron a ellos". "No podemos pretender que las cosas cambien si seguimos haciendo siempre lo mismo" - Albert Einstein

En América Latina, una vez más, los productores rurales están enfrentando una grave crisis de endeudamiento e insolvencia económica. Y como de costumbre, los "consejeros" que sugieren medidas para solucionarla están proponiendo que los agricultores sigan "con el platillo en la mano", mendigándoles a los gobiernos créditos, subsidios y otras efímeras ayudas paternalistas. Con evidente falta de creatividad siguen insistiendo en las mismas refinanciaciones de las deudas de los agricultores; y lo que es aún más contradictorio, con el claro objetivo de volverlos, nuevamente, sujetos de créditos de modo que puedan endeudarse una vez más y cada vez más.


Ningún enemigo es peor que un mal consejo – Sófocles

Al formular recomendaciones tan carentes de originalidad pareciera que dichos consejeros no han aprendido absolutamente nada con la reciente crisis económica mundial que fue provocada exactamente por la excesiva e imprudente, por no decir irresponsable, concesión y utilización de créditos. Cuando lo más lógico consistiría en advertir a los gobiernos y a los agricultores que, si el crédito rural fuese tan eficaz en la solución de sus problemas, no tendríamos tantos productores rurales tan fuertemente endeudados. Esos consejeros siguen recomendando paliativos de emergencia que apenas suaviz an momentáneamente los síntomas (o efectos) de la crisis, en vez de eliminar las causas de fondo que, año tras año, la están originando y alimentando en forma cumulativa; paliativos que perennizan la dependencia que los agricultores tienen del Estado, en vez de proponer medidas innovadoras que los emancipen, de una vez por todas, de tan crónica e ineficaz dependencia.

Las verdades que deben ser dichas a los agricultores y a

los educadores rurales


Muy pocos de esos consejeros dicen y demuestran a los productores rurales que, como regla general:

- las principales causas de sus problemas económicos son las ineficiencias, tecnológico-productivas, gerenciales y/o comerciales, que los propios agricultores están cometiendo;

- ellos no tienen rentabilidad porque están adoptando varios procedimientos equivocados que incrementan innecesariamente sus costos de producción y reducen innecesariamente los precios de venta de sus cosechas; en circunstancias en las cuales, para tener rentabilidad, podrían y deberían concentrar sus esfuerzos en hacer exactamente lo contrario;

- están cometiendo esas ineficiencias no necesariamente por falta de decisiones políticas, créditos abundantes ni subsidios; tampoco por culpa del FMI, del Banco Mundial, de la globalización o del neoliberalismo. Están cometiéndolas porque nuestro sistema de educación rural no está cumpliendo con su función de proporcionarles los conocimientos que más necesitan: agronómicos, zootécnicos, veterinarios y los relacionados con la administración rural incluyendo formas asociativas para corregir las gravísimas distorsiones que ocurren en la realizaci&oacut e;n de inversiones, en la adquisición de insumos y en la comercialización de las cosechas.

Esta relación causa/efecto, entre insuficiencia de conocimientos y fracaso económico de los agricultores, aunque obvia sigue siendo subestimada y hasta ignorada por los mencionados consejeros. Al parecer ellos aún no se han percatado que, en el mundo globalizado, los conocimientos pasaron a ser los factores más determinantes para que los productores rurales puedan volverse y mantenerse competitivos.


Consejos equivocados están induciendo los agricultores a un grave error


Los productores rurales, mal orientados por los mencionados consejeros, siguen buscando pseudo-soluciones en las instituciones inadecuadas, que no tienen la atribución ni la idoneidad técnica para solucionar sus problemas a través de la eficiencia y del profesionalismo. Prueba de ello es que los agricultores siguen mendigando ayudas a los burócratas y economistas del Banco Agrícola o Rural, del Banco Central, del Ministerio de Economía/Finanzas o a los diputados y senadores del Congreso Nacional. En vez de exigir soluciones de fondo en las instituciones que tienen la atribución legal y que deberían tener la capacida d técnico-operativa para proporcionarles los conocimientos de la ciencia, de la tecnología, del “emprendedurismo” y del cooperativismo. Conocimientos, no necesariamente complejos ni sofisticados, a través de los cuales ellos mismos puedan reemplazar la humillación de la dependencia por la dignidad de la emancipación.



"Lo ideal no consiste en hacer cosas extraordinarias sino hacer cosas ordinarias extraordinariamente bien ejecutadas” – San Vicente de Paulo

El diagnóstico hasta aquí descrito recomienda que los agricultores cambien radicalmente sus actitudes y sus pautas de reivindicaciones. En vez de seguir creyendo en las demagógicas "macro-decisiones políticas de apoyo al agro", asuman la siguiente posición: en forma pacífica pero categórica reivindiquen que las instituciones abajo mencionadas adopten medidas muy sencillas pero que sean "extraordinariamente bien ejecutadas":

1) En las facultades de ciencias agrarias para exigir:

- Que ellas se "desurbanicen" y se "ruralicen" con el claro objetivo de que, profesores y estudiantes, tengan mayor vivencia y convivencia con la realidad agrícola y rural, de modo que la formación de los egresados sea más contextualizada, realista y pragmática; y con ello responda a las reales necesidades de los empleadores y de los agricultores;

- Que enseñen a los estudiantes a corregir las ineficiencias y a solucionar los problemas de los agricultores, practicando en las fincas, comunidades y mercados rurales; y no apenas teorizando en los laboratorios, en las aulas y en la simulación de las computadoras;

- Que ofrezcan una enseñanza que, además de proporcionar una sólida formación técnica, enfatice el desarrollo de las habilidades y aptitudes de los estudiantes para que aprendan a ejecutar de manera correcta y eficiente las prácticas agrícolas. El desarrollo de dichas habilidades y aptitudes requiere que las facultades prioricen el "método de enseñar y aprender haciendo"; y que lo hagan directamente en el campo;

- Que los profesores enfaticen la concientización de los futuros profesionales que, en la actualidad mucho más que en el pasado reciente, una agricultura rentable y competitiva tiene que estar fundamentada en la correcta formulación y aplicación de soluciones basadas en conocimientos agronómicos, zootécnicos, veterinarios y de administración rural. Y que, por esta razón, la intervención de estos profesionales en la solución de los problemas de la agricultura es ahora mucho más eficaz que la de los políticos, de los economistas y de los agentes de crédito; quienes durante muchos años fueron los "amortiguadores" de las dificultades económicas de los productores rurales. Ante esta nueva realidad, las facultades deben formar egresados técnicamente más autosuficientes y anímicamente más “autoconfiantes”, para que puedan desempeñarse como los más importantes y decisivos "solucionadores" de los problemas de la agricultura nacional. La formación académica debe levantar el ego y la autoestima de sus egresados de modo que ellos quieran, sepan y puedan asumir el protagonismo y el liderazgo en la solución de los problemas agrícolas y rurales; y con ello, se sientan orgullosos de ser profesionales en ciencias agrarias.


2) En las facultades de educación o pedagogía. Para reivindicar que sus estudiantes tengan la oportunidad y la obligación de vivenciar los verdaderos problemas económicos y sociales que ocurren en la vida cotidiana de las familias y comunidades rurales; y que, como consecuencia de dicha vivencia, al egresar de las facultades estén aptos a adaptar los contenidos curriculares y los métodos pedagógicos de las escuelas fundamentales rurales a las reales necesidades de vida y de trabajo imperantes en el campo. Que enseñen a los futuros maestros rurales contenidos que verdaderamente sean útiles y aplicables en la mejoría de su desempeño como educadores; y no tanto a teorizar sobre las teorías (la redundancia es intencional) filosóficas, sociológicas, antropológicas y políticas de la educación. Porque estos contenidos tan abstractos e impregnados de un fuerte componente político-ideológico suelen desviarlas del principal objetivo de las facultades de educación que es el de formar maestros competentes. En muchas de ellas, bajo el atractivo adorno de "formar ciudadanos críticos y conscientes" están formando activistas políticos; que están más preocupados en estimular huelgas y reivindicar supuestos derechos que en cumplir con sus deberes como educadores eficientes. Pragmáticamente las facultades deben priorizar y enfatizar la formación de maestros que egresen sabiendo, concreta y objetivamente, cómo deben desempañarse en el aula, qué es lo que deben enseñar y cómo deben hacerlo para desarrollar las potencialidades latentes y fortalecer las capacidades de los niños y jóvenes rurales; con el propósito de que después de adultos sean ellos mismos, y no el retórico paternalismo estatal, los "solucionadores" de los problemas existentes en sus hogares, fincas y comunidades rurales.

3) En los servicios de asistencia técnica y extensión rural (SATER). Para exigir que los extensionistas tengan real capacidad, técnica y metodológica, de volver a los productores rurales mucho más eficientes en los aspectos productivos, gerenciales y comerciales. Extensionistas que sepan hacerlo por más adversas que sean las condiciones físico-productivas y por más escasos que sean los recursos financieros de los agricultores y por más inoperantes que sean sus respectivos gobiernos. Los agricultores deben exigir, muy especialmente, que los agentes de extensión sepan aplicar aquellas soluciones que, debido a su bajo costo y facilidad de adopción, estén al alcance de los agricultores más pobres. A propósito, muchas de estas soluciones adecuadas a las necesidades de los productores de escasos recursos, están descritas en el libro publicado por la FAO-NNUU, titulado "Desarrollo agropecuario: de la dependencia al protagonismo del agricultor" que está disponible, en forma gratuita, en la página web www.polanlacki.com.br/agroesp. Adicionalmente los agricultores deben exigir que los extensionistas permanezcan en las fincas y comunidades rurales, capacitando y organizando a los agricultores; porque en la actualidad muchos de ellos están encerrados en las oficinas urbanas y metropolitanas, redactando informes irrelevantes o llenando formularios y haciendo engorrosos trámites burocráticos para obtener créditos y otras ayudas paternalistas. Este alejamiento de sus funciones es inaceptable porque los extensionistas son educadores y no burócratas, o "empleados", de los agentes financieros.


4) En las escuelas fundamentales rurales. Para muchos de los habitantes del campo dichas escuelas son el único servicio que los gobiernos les proporcionan. Por esta razón los habitantes rurales deben exigir que esta singular oportunidad sea aprovechada para proporcionarles conocimientos realmente útiles para la vida rural y para las actividades productivas y generadoras de mayores ingresos. Deberán reivindicar que dichas escuelas sean rurales de verdad y no apenas en el nombre; exigir que sus currículos sean "ruralizados" y "agriculturalizados". Que incluyan en sus programas de estudios aquellos contenidos reconocidamente utilizables por los educandos en la corrección o eliminación de los errores e ineficiencias que los habitantes rurales están cometiendo, con mayor frecuencia, en la vida personal, familiar, productiva, laboral y comunitaria, como por ejemplo:

- tecnologías elementales que les permitan hacer una agricultura más productiva, más diversificada y más eficiente; implantación de huertos familiares para la producción de abundantes hortalizas, frutas y plantas medicinales; procesamiento inicial de las cosechas para añadirles valor y evitar pérdidas poscosecha, mejora de la nutrición basada en la autoproducción diversificada de los alimentos, nociones de profilaxis, higiene y prevención de enfermedades humanas y animales, primeros auxilios y prevención cont ra enfermedades, plagas y accidentes que ocurren con mayor frecuencia en el medio rural, cooperativismo y organización comunitaria, administración rural y comercialización con menor incidencia de intermediarios, etc.

- valores y principios éticos para que los alumnos adquieran y adopten hábitos y conductas esenciales para una vida digna, harmoniosa y solidaria; valores y principios que están siendo "olvidados" por el individualismo, egoísmo y violencia de quienes desean usufructuar supuestos derechos sin cumplir los deberes correspondientes. Valores y principios tales como: honestidad, honradez, dignidad, responsabilidad, disciplina, puntualidad, cumplimiento de los compromisos asumidos con terceros, respeto al prójimo y a sus derechos, consciencia de sus obligaciones como ciudadanos, como padres de familia y como miembros de la comunidad, am or al trabajo bien ejecutado, ambición sana para progresar en la vida como consecuencia de su propio y eficiente esfuerzo y de su deseo de superación, altruismo y solidaridad, los peligros de las drogas, del alcoholismo, de las relaciones sexuales prematuras e imprudentes, de la delincuencia, etc.



Si los educadores hacen lo que pueden hacer los agricultores sabrán lo que deben hacer



En los textos disponibles en otra página del autor (www.polanlacki.com.br) se argumenta que las principales debilidades e ineficiencias de las instituciones educativas, mencionadas en los puntos 1, 3 y 4 son evitables o corregibles, a través de medidas que pueden ser adoptadas por los propios profesores y extensionistas que en ellas se desempeñan. Porque su adopción no necesariamente requiere de recursos adicionales a los que dichas instituciones ya disponen, ni de decisiones políticas de las altas esferas del ministerio nacional o de las secret arias provinciales/departamentales de educación y de agricultura. Muchas de las ineficiencias del mencionado sistema persisten no necesariamente porque no pueden ser eliminadas; sino porque los educadores aún no han tomado la decisión de asumir como suya la tarea y la iniciativa de enfrentar la pasividad, el fatalismo y conformismo, el anacronismo y la inercia imperantes en el referido sistema.

Una conclusión en forma de autocrítica. Nosotros los educadores no podemos seguir en la cómoda actitud de presentarnos ante la opinión pública como víctimas de los bajos salarios y de la falta de apoyo de los gobiernos a la educación; aunque en muchos casos ambos sean una realidad. Mucho más víctimas que nosotros, son los habitantes rurales quienes, al recibir una educación de baja calidad y con contenidos inadecuados a sus necesidades, están siendo condenados a fracasar en la vida personal, familiar, productivo-laboral y comunitaria. Los educadores debemos tener la humildad de reconocer que, en buena medida, nosotros mism os podemos y debemos corregir o eliminar muchas de las debilidades e ineficiencias existentes en el sistema de educación rural; porque es mucho lo que podemos hacer para mejorar su pertinencia y calidad, independientemente de lo que hagan o dejen de hacer las altas autoridades educativas.

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