Murió Lázaro Hernández, fundador del EZLN

Tras una turbulenta vida primero como líder religioso, después guerrillero, luego luchador social, de forma efímera un político priista y en sus últimos años un activista más en su pequeña localidad de Ocosingo, Lázaro Hernández Vázquez, murió el sábado y fue sepultado el domingo pasado. Hernández Vázquez, el indígena tzeltal fundador del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y uno de los primeros enlaces entre los ladinos miembros de las Fuerzas de Liberación Nacional (FLN) con los indígenas de la Selva Lacandona, murió a los 57 años de edad.

El Cuarto Poder dio a conocer que Lázaro Hernández Vázquez tuvo una recaída el viernes por la noche mientras viajaba a bordo de una camioneta en un camino de terracería rumbo a una comunidad rural de la Selva Lacandona. Tras ser internado en un hospital del IMSS, se confirmó su muerte el sábado y luego de una misa por la tarde, el domingo 7 en la Parroquia de San Jacinto, su cuerpo fue llevado al panteón municipal donde por fin descansa de su multifacética vida.

Quien fuera uno de los mejores cuadros, primero del obispo Samuel Ruiz García como un gran líder religioso en la Selva y después, del Subcomandante Marcos en el movimiento rebelde, Lázaro Hernández Vázquez dijo y reveló todo lo que sabía en los últimos 14 años del alzamiento zapatista. No solo se lo contó a sus amigos y conocidos, sino a cuanto periodista llegara a buscarlo a su modesta casa de Ocosingo, pero principalmente su colaboración fue con los servicios de inteligencia del gobierno mexicano que usaron todo lo que dijo para desenmascarar al subcomandante Marcos. Por ello, como un delator entre las filas y los mandos del EZLN, Lázaro Hernández Vázquez se fue la tumba el pasado fin de semana.
En el libro La Rebelión de Las Cañadas de Carlos Tello Díaz, editado por Cal y Arena en 1995, Lázaro Hernández Vázquez, se exhibe como una de sus principales fuentes de información. Su imagen con el pecho erguido y una mirada fuerte y retadora se plasma en una fotografía en blanco y negro.Pero no solo para Tello Díaz, otro libro polémico con el cual contribuyó Lázaro Hernández Vázquez, fue el de Marcos, La genial impostura de Bertrand de La Grange y Maite Rico, editado por Aguilar en 1997.

Todas las referencias hemerográficas y bibliográficas detallan que Lázaro Hernández Vázquez nació en San Antonio Las Delicias, una pobre comunidad enclavada en las Cañadas de Ocosingo en la Selva Lacandona. De dónde la única forma de progresar era refugiándose en los líderes religiosos que lo trasladaron a un seminario marista de San Cristóbal de Las Casas donde aprendió a leer y escribir y los oficios clericales.

Muchos años después como catequista regresó a su comunidad y se convirtió en un líder religioso en toda la región. Fue uno de los más sobresalientes cuadros del obispo Samuel Ruiz García quien le guardaba aprecio y admiración al ver a uno de sus discípulos encumbrado con un fuerte liderazgo religioso nato. Lázaro Hernández fue uno de los principales impulsores y organizadores de un Primer Congreso Indígena que se llevó a cabo en San Cristóbal de Las Casas en 1974, donde se dieron cita casi todas las etnias indígenas que existen en Chiapas. De aquel encuentro resultó ser una estela de reclamos de los pueblos indígenas al gobierno y la sociedad ladina, por la marginación, el olvido y la postración al que habían sido sometidos.

Dos años más tarde, en 1976, Lázaro Hernández acrecentó su liderazgo religioso, se le confirió el cargo más alto que se le podía dar a un líder religioso indígena por aquellos tiempos, "tuhunel de tuhuneles".

En esa década, fue también líder de la Quiptic Ta Lecubtsel, una organización indígena que luchaba por la defensa y los derechos de los pueblos de la Selva Lacandona. El liderazgo de Lázaro Hernández venía en ascenso. En la Diócesis de Samuel Ruiz García, su estrella brillaba más que nunca. Cuando llegaron en 1983 los miembros de las Fuerzas de Liberación Nacional (FLN) encabezados por Fernando Yañez, alias el comandante Germán, y Mará Gloria Benavides Guevara, alias la comandante Elisa, Lázaro Hernández ya tenía muchos años de recorrido en las comunidades de la Selva.
Su liderazgo y conocimiento del terreno fueron elementos principales por lo cual fue contactado un año después, en 1984, por el todavía grupo clandestino de las FLN en la espesura de la Selva Lacandona. De cómo fue aprovechada su labor religiosa por el grupo armado. Salvador Morales Garibay, otro desertor del EZLN, dijo luces en una entrevista publicada en la revista Letras Libres para Bertrand de La Grange y Maité Rico, en febrero de 1999.
"Alguien habló a Lázaro Hernández, por ejemplo, que era una gente con mucha experiencia y con una presencia muy grande. (Lázaro Hernández era tuhunel de tuhuneles, es decir, diácono de diáconos, y hombre de confianza de Samuel Ruiz.)
Él contactó a los otros diáconos, los diáconos a los catequistas, y ya si los diáconos y los catequistas son del EZLN, pues la gente en general va a ser del EZLN", dijo, Morales Garibay.

En octubre de 1985, de la mano de Lázaro Hernández, el entonces capitán insurgente Marcos tuvo su primer contacto con una de las primeras comunidades de la Selva, San Francisco. Ahí Marcos encabezó la reunión entre los indígenas y estrecho su vínculo con el líder religioso al que poco a poco fueron absorbiendo dentro del movimiento hasta desligarse de sus labores religiosas. Lázaro Hernández, adoptó su nuevo nombre clandestino, Jesús, pues era visto como "el Redentor", relata en varias partes e sui libro Tello Díaz.Del movimiento rebelde al que solo se referían como la organización, Lázaro Hernández, saltó al liderazgo de la Asociación Rural de Interés Colectivo (ARIC) en diciembre de 1991 con una fuerte presente en la Selva Lacandona, pero no solo militaban zapatistas sino también indígenas no zapatistas.

Pero su ascenso en el liderazgo de "los ariqueros" como se autodenominaban, fue apoyada por el grupo armado clandestino. En el capítulo que adelantó en Proceso en su edición número 976 del 17 de julio de 1995, Tello Díaz señala que "La reunión tuvo lugar el 8 de diciembre, en el ejido de San Juan, uno de los mas zapatistas de la cañada de Patihuitz. Los ariqueros que todavía militaban en el EZLN propusieron por unanimidad a Jesús, es decir, a don Lázaro. Marcos dio línea de votar a su favor. Aquellos que no militaban en el EZLN, en cambio, postularon a Javier Toledo, un tzeltal del rancho Guayaquil, en la región del Avellanal". "La votación fue muy cerrada. Al final de la contienda, Lázaro Hernández, el ganador, recibió de las comunidades el símbolo de la transmisión de poder en la organización: una pistolita de madera que databa de los tiempos de Quiptic. Su triunfo represento, sin lugar a dudas, un espaldarazo para la guerrilla".

Y prosigue: "Jesús" era, entre los indígenas, una de las personalidades más destacadas del movimiento. Fungía como primer responsable de la región. Tenía fama de ser un hombre tenaz, hábil, conciliador. Su prestigio, por lo demás, no parecía mermado por el alejamiento entre el EZLN y la Iglesia. Era buena, todavía, su relación con Marcos. Era buena, también, su relación con Caminante, como llamaban los zapatistas a don Samuel Ruiz …". Cada vez más, como líder de una organización social, Lázaro Hernández, tenía que hacer negociaciones con las autoridades gubernamentales de todos los niveles para gestionar apoyos a las comunidades. Para algunos en el interior de la ARIC eso no era bien visto.

Pero su papel como la cara visible del grupo armado, le dio la oportunidad de salir en defensa de un grupo de indígenas de la comunidad El Carmen Pataté, quienes fueron acusados de ser los protagonistas de un enfrentamiento accidental con el Ejército Mexicano en mayo de 1993 en la sierra de Corralchén de Ocosingo.

Pidió en Ocosingo, al entonces Secretario de Desarrollo Social (Sedesol), Luis Donaldo Colosio, fuera el intermediario con el presidente de la República para indultar a los tzeltales que también militaban en su organización. Finalmente logró verlos libre.Su liderazgo en la ARIC mermó su relación con "La Organización" como llamaban al EZLN en la clandestinidad.

Tanto que finalmente rompió con quien se encumbró como líder del EZLN, el subcomandante Marcos, quien proponía iniciar la guerra enero de 1994, en tanto que los principales fundadores del movimiento, proponían una prórroga.

A Marcos lo vio por última vez en la reunión de la comunidad Prado en 1993, donde se llegaron a juntar unos 12 mil milicianos del EZLN que se aprestaban a tomar las armas.


Lázaro más distanciado que nunca del EZLN, esperaría ese levantamiento en su casa. Pero pocas horas antes de que irrumpieran los rebeldes en el poblado de Ocosingo partió de su casa al llegarle una mala noticia.

"Mi gente me dijo que me iban a venir a matar. Me dijeron que saliera. Cuando supe que el 29 ya había retenes en San Miguel, me fui de Ocosingo: agarré una camioneta y una amiga me llevó. Primero pasé a Tuxtla y cuando llamé por teléfono me dijeron que ya estaban los zapatistas en el pueblo", dijo en una última entrevista que dio el reportero Fredy López Arévalo, en noviembre del 2007.Lázaro Hernández fue hecho diputado federal ese mismo año del levantamiento armado zapatista por un partido en el cual nunca militó, el PRI. Dijo en esa última entrevista que no se pudo negar, le dieron todo lo que necesitaba para hacer campaña y ayudar a su gente.
Todo lo que sabía del EZLN y la gestación del grupo armado y sus líderes, fue aprovechado por los servicios de inteligencia del gobierno federal, al igual que las del otro desertor zapatista, Salvador Morales Garibay.

Luego de ser diputado federal, fue después regidor también por el PRI en el Ayuntamiento de Ocosingo. Se distanció del partido tricolor en el que nunca militóy se hizo militante de "la alianza", una fusión temporal en tiempos de elecciones de partidos opositores al PRI y al PAN, principalmente.
Lo último que tenía, esa localidad de Ocosingo con 35 mil mil habitantes, era una "Promotoría para la Participación Social", una asociación civil, desde la cual apoyaba a muchos que todavía confiaban en su liderazgo político y social.El indígena tzeltal nunca se le vio vivir en la opulencia. En su modesta casa tenía una tienda de abarrotes y un depósito de venta de cervezas. La misma casa donde muchas veces, reveló, comió y platicó con Marcos y muchos otros comandantes zapatistas, a quienes les dio refugio en el patio trasero de su casa cuando andaban a salto de mata en la clandestinidad.

Hoy Lázaro Hernández, Jesús, quien nunca paró de contar su peripecias en la vida descansa en paz.

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